Misión, Visión, Valores (III).

La importancia de los valores en una empresa y cómo conseguir que la estrategia y políticas de la misma y las conductas de sus miembros se ajusten a ellos.

Misión, Visión, Valores (III).

En artículos anteriores hablamos de la misión: el  propósito, el fin o  la  razón de ser de  una persona,  una  empresa u organización,  y de la visión: la  imagen que una persona, una empresa u organización  tienen de  si mismas en el  futuro. 


Ambas -misión y visión-  inspiran e incentivan,  ayudan a establecer los medios y la estrategia para alcanzar los objetivos propuestos. Cómo transitar por el camino hasta llegar alcanzar aquéllos  dependerá de los valores elegidos y de cómo conseguir hacer de ellos una realidad. 


Los valores son aquellos  principios fundamentales a la luz de los cuales   se tienen  que definir  las políticas, las  estrategias y las conductas,  analizar unas y otras y, a veces, elegir entre diversas opciones posibles.

Los valores determinan el comportamiento, son una guía de  conducta,   dan sentido y coherencia a la estrategia, a las políticas y las acciones.

Los valores tienen relación con la Ética y se estudian por una rama  de ésta, la axiología. Algunos filósofos como Max Scheler  han realizado diferentes propuestas para elaborar una jerarquía adecuada de los mismos. 


La justicia, la libertad, la responsabilidad, la honestidad, la transparencia, el respeto, la tolerancia, la lealtad, la laboriosidad, la fortaleza, el altruismo, la prudencia, son –entre otros- reconocidos como valores que  identifican lo que la generalidad de los hombres consideran una virtud o perfección. Por ejemplo, se considera un valor ser honesto y leal en vez de deshonesto y desleal, ser justo, en vez de ser injusto, ser responsable en vez de irresponsable. Una persona con valores es una persona digna y ejemplar. 


En muchos casos los valores se confunden con la visión, la misión o con ventajas comparativas o competitivas de una empresa, así por ejemplo una conocida empresa electrica recoge entre  los –nada menos- 12 supuestos  valores que determinan su actuar, lo que son  más bien elementos definidores de la misión: “la creación de valor sostenible” o “la orientación al cliente”;  o lo que no es, a mi entender, ningún valor sino el resultado que debería provocar una misión, visión y valores orientados  a conseguir “el sentimiento de pertenencia” que la empresa identifica entre sus valores.

En  nuestra Constitución se identifican  una serie de valores que definen a la nación. Ya en su  preámbulo la Constitución se refiere a la  justicia, la libertad, la seguridad y la promoción del  bien común, y el art. 1 hace expresamente referencia a los valores superiores  que propugna el Estado español –democrático, social y de Derecho-  la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.  

También entre los principios rectores de la política social y económica la Constitución identifica otros valores. Así ocurre  cuando  en la definición de esos principios, aplicables a la familia, la infancia, la juventud, etc,, habla de equidad o   participación. 

La principal entidad bancaria española, el Banco Santander identifica tres valores: “Sencillo, personal y justo”, como aquellos que pretenden definir su cultura corporativa y  permitirán al Banco llegar a alcanzar la visión que  tiene de si mismo en el futuro: “ser el mejor banco para nuestros clientes y la mejor empresa para nuestros empleados”.

Pero no basta con definir y determinar que valores queremos que configuren la cultura de la empresa, sus estrategias, políticas y las conductas de todos los que integran la misma. Una vez definidos los valores, se trata de que las  políticas, estrategias  y conductas sean coherentes con ellos.

Si un Banco identifica como sus valores la sencillez, el trato personal y la justicia, ello significa, de cara al cliente, por ejemplo, que los servicios y productos financieros que ofrece el Banco habrán de ser   sencillos, fáciles de entender;  que el cliente será atendido de manera personal, lo que a su vez significa conocer sus personales necesidades financieras y ofrecerle los servicios financieros que más se adecuen a él, y que, en todo caso, el cliente  será tratado  con justicia, honestamente. 

Para que  se pueda conseguir el cumplimiento de los valores previamente definidos, y sea creíble el compromiso de la empresa con ellos,  será preciso determinar las conductas coherentes e incoherentes con los valores definidos, lo que en la práctica se puede hacer redactando   un Código Ético o de Conducta, donde se prohíban aquellas conductas contrarias a los valores de la empresa.

Además la empresa deberá de velar por el  cumplimiento de dicho Código, designando un oficial de cumplimiento, al que deberá  garantizar  poderes autónomos de iniciativa y de control y recursos financieros adecuados para desempeñar su función.

Dicho Código Ético deberá de ser facilitado a todos los  empleados y clientes, para que los primeros den por escrito su conformidad al mismo y se comprometan formalmente a cumplirlo y los segundos   conozcan su existencia. 

También será  necesario  establecer un  protocolo de supervisión y cumplimiento de ese  Código Ético  que incluya   un canal de denuncias,   garantizando tanto la confidencialidad del denunciante como  que  en ningún caso se tomarán represalias, si son  empleados quienes  denuncian presuntos incumplimientos del Código (salvo el caso como es lógico de denuncias falas).

Por último se deberá de establecer  un sistema disciplinario que castigue con determinadas sanciones, según la gravedad, y  siempre con respeto  a las normas laborales vigentes, aquellos incumplimientos o vulneraciones del Código.

 Solo si existe coherencia entre las políticas, estrategias y conductas de la personas que integran la empresa y los  valores que pretende encarnar la institución, y esta coherencia se demuestra en el establecimiento, seguimiento y auditoria eficaz  de las concretas medidas indicadas anteriormente se conseguirá que los valores sean creíbles por los empleados, clientes y por toda la sociedad y que la visión que la entidad tiene de si misma, por ejemplo en el caso del Banco antes aludido: Conseguir ser el mejor banco para sus propios clientes y la mejor empresa para sus empleados, pueda a llegar a ser una realidad.

Todo ello también resulta aplicable a los  partidos políticos. Los mismos han de definir los valores que quieren encarnar y transmitir, y para que la ciudadanía crea en la existencia  de  un compromiso serio y sincero con esos valores, también deberían de establecer los partidos las medidas que dejamos apuntadas: Código Ético donde se definan claramente las conductas prohibidas, oficial de cumplimiento autónomo y con medios suficientes, canal de denuncias y sistema disciplinario eficaz, y todo ello auditado por un auditor externo e independiente. Mientras no sea así, los partidos no deberían tener credibilidad en cuanto a su voluntad de acabar con la corrupción.

Luis Suárez Mariño

Luis Suárez Mariño

Abogado. Presidente de ABC Asturias. Fundador de  AEAECompliance y Defensa y Compliance. S.L.P.


Evento one to one - Networking

Networking en estado Puro el One to One

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